martes, 24 de marzo de 2009


AMORES QUE MATAN, N(U)NCA M(U)EREN

Una aproximación a mi fanaticado hinchaje por Universitario de Deportes y las coincidencias entre Juan Reynoso (actual DT de la “U”) y este servidor, a 24 horas de jugarse el superclásico en Matute, estadio de Alianza Lima.

David Gavidia.

1.- Por la Victoria, soy hincha de la “U”.
No te importó que nos corrieran a balazos, mamá. Ni que tomáramos el primer bus que nos sacara del estadio, menos oír por la radio que en las afueras de Matute, un gran despliegue policial se encargaba de contener la furia de las barras, ¿recuerdas? Tampoco te interesó arriesgar tu billetera, ni los gritos de la gente, solo querías protegerme, “tápate el polo”, me decías y “cuidado con las piedras”, me gritabas… y yo, en medio de la brutalidad de las personas, con mi cabeza gacha entre tus brazos, solo atinaba a decir: “¡ganamos mamá!”… y por dentro pensar: “gracias por hacerme feliz”. Tenía 10 años.

Es la anécdota que cuentas siempre. No hay fiesta ni reunión familiar que no repitas la misma historia. Sí, esa en la que me llevaste al clásico en Matute, la primera vez que pise tribuna y la única que me atreví a decir un carajo delante de tuyo, al ver a mi equipo en la cancha. Fue un domingo 10 de octubre de 1993. Hora: 3:30 pm. Lugar: estadio Alejandro Villanueva. Tribuna: Oriente alta. Equipos: Alianza Lima – Universitario. Fecha 22 del torneo Descentralizado. Un día antes no pude dormir, la noche previa me acosté ansioso, ya vestido para partir. Siempre con la camiseta crema en el pecho. Apuesto a que esos datos te son ajenos, para mi en cambio, se convirtieron en eternos.

Fue la primera vez que vi a mis ídolos en un campo de juego. Y aun recuerdo el escozor en la piel y esa sensación de estremecimiento al ver a miles de personas alentar e insultar por pasiones divididas, tan polarizadas como arraigadas. Observé las banderas y el papel picado, los cánticos y las barras, las rabias y las risas. Recuerdas que ese partido lo ganamos 1-o, mamá, y que grité el gol con la furia de un guerrero persa y festejé, como jamás lo hubiera pensado, el gol más agónico de mi vida ¿lo recuerdas?, ¿te lo relato?...
Arco sur. Contragolpe de Universitario. El balón que llega a Nunez, quien da media vuelta y remata, la pelota choca en el palo -la Trinchera ahoga el grito de gol, se jalan los pelos; en Sur respiran aliviados- pero el balón queda picando, se pasea por la línea de meta, Ronald Baroni –ese delantero con bincha y brazo vendado- aparece por detrás de la defensa y cabecea la redonda para que ésta, en slow, se introduzca en la red, pidiéndole permiso al arquero. Qué se estiró, qué gritó, qué se esforzó, pero su frustración fue la alegría de otros. ¡Golazo!. Los jugadores salieron victoriosos con los brazos en alto y la gloria acumulada en la boca. La mitad del estadio celebró, la otra era callada y triste. Después de eso tú, mamá Vicky (ya en casa y pasado el susto de la salida del estadio), hablaste de la fanaticada, de la gente y su contagioso entusiasmo. Aquel tanto signficó de paso acercarnos al ansiado bicampeonato y la alegría de medio Perú ¿Recuerdas? Yo lo acepté y me gustó el vicio del salto y el canto en las barras, desde entonces mi hinchaje creció y coleccioné polos y posters de los jugadores: Nunez y Martínez, Zubczuk y Balán, Baroni y Asteggiano, por su puesto Reynoso, con la número 3. Luego vinieron tus preocupaciones, pues me escapaba solo a la cancha y te sacaba dinero para las entradas, nos peleamos y reconciliamos mil veces. Desde entonces me volví en el fanatizado hincha que intenta meterse a la cancha. Gracias a la Victoria, entonces, que soy hincha de la ‘U’.

2- Retornos. El potrillo que dejó Matute.
La anécdota de mi primera vez en un estadio la recordé el pasado jueves, quince años más tarde. En aquella ocasión volví a Matute, no como ese hincha que salió en un camión de pollos en noviembre pasado luego de ganar el último clásico por 2-1 (con goles del ‘vagón’ Hurtado por cierto), sino, como el periodista deportivo que intento ser, al menos por un pequeño tiempo.

Me senté en la tribuna sur del estadio y Alianza entrenaba en el campo. Un grupo de periodistas especulaba la alineación que usaría el equipo ese domingo y yo miraba hacia oriente, el lugar de mi primera vez.

Sonriente le comenté a un compañero la anécdota de mi madre y de mi hinchaje. Me respondió que ni en broma lo cuente otra vez entre “este grupo de colegas”, pues todos andan con el corazón pintado de blanquiazul. No me importó y le insistí qué mi mamá, qué las piedras, qué los insultos. Qué ganamos... ¡Ay carajo!... me fui de boca. Y le mencioné una magnífica coincidencia entre Juan Reynoso y yo. Aquel 10 de octubre de 1993 no solo fue mi debut en tribuna, también fue la primera vez que el actual técnico de la ‘U’ pisó la cancha de Matute vestido de crema, el color del eterno rival.

El ex hijo predilecto de Alianza Lima, el otrora capitán de Matute, el sobreviviente potrillo de La Victoria, salía con la insignia crema sobre el pecho. Los hinchas del rival lo tomaron como una afrenta. Lo juro, jamás oí tantos insultos hacia una persona. Allí comprendí que el amor también se transforma en cólera, que la cólera en odio y por último, que tantos insultos no son capaces de tumbar a un solo hombre.

Esa memorable tarde Reynoso gritó el gol de la ‘U’, besó la camiseta y la Trinchera lo catapultó a la condición de ídolo. Fue el debut de Juan Máximo en Matute con casaquilla crema, fue mi estreno en tribuna con la garganta inflamada de tanto aliento. “Reynooooso, Reynooooso”, grité, y a mi lado, otros desfogaron su rabia: “¡Maldito traidor!”. Presencié aquella escena. Y no la olvidé jamás.
“Amores que matan, nunca mueren”, es cierto maestro Sabina. El pasado domingo se jugó el clásico en Matute con el ‘cabezón’ en el banquillo, lo ganamos (lo ganó) 1-0 y al final del partido, despedido entre botellazos de agua y bolsas de pichi, solo atinó a decir: “Hoy me sentí más crema que nunca”. La escena de quince años atrás volvió a mi mente y me llenó de felicidad.

Reynoso volvió a la casa que lo vio nacer y gozó con el triunfo . Y yo a un estadio que, cuando llega la ‘U’, me trae gratos recuerdos. Para él significó su debut como técnico en clásicos del fútbol peruano y para mi como cronista deportivo. Tuve que hacerle un seguimiento visual, sus gestos, los insultos que caerían sobre él desde la tribuna. Juan jamás lo supo y no tiene porque, en cambio se lo conté a mi madre quien sonrío y dijo: “espero que hallas escrito sin pasiones y con la verdad”, entonces solo atiné a parafrasear a Jorge Barraza: “El periodista también es hombre, también es hincha”. Ella sonrío. “Ay David”, respondió y yo no supe qué mas decir. Pero quedó el gesto cómplice y el recuerdo bendito. Aquella tarde de octubre de 1993 fue y será una de las más alegres y apasionantes de mi vida. Lo sé Juan Máximo, para ti también. No hace falta que lo digas.
  • PD: La foto que aparece en este post corresponde al año 94. Observen, Lee, mi compañero, ya aparece desde entonces... ambos de crema en la antigua casa de Habich.

  • Recuerdo de aquél memorable partido. Hincha crema, porque recordar es volver a vivir cheka y goza.... no lo dudes y grita: llora cagón!!!...
  • En caso no puedas ver el video esta es la dirección en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=cBOAQI4yyuo

lunes, 9 de febrero de 2009

Un ícono de la capital
El cochero que soltó las riendas

Luego de 23 años Juan Manuel Arguedas Gonzales (43) dejó la calesa que conducía en la Plaza Mayor de Lima para trabajar en una conocida joyería del pasaje Santa Rosa. Vestido de chalán quiere una entrevista de cinco minutos con Alan García. Como cochero fue extra de novelas y películas. Llevó el féretro de Valentín Paniagua. Fue militar y perteneció a los Húsares de Junín. Solo quiere que su familia sea feliz. Todo un personaje.

Escribe: David Gavidia.
“Black power” que viste de chalán. Pin de Obama sobre el pecho porque es “grone” como él. Aliancista y salsero. Limeño y chalaco. Hombre chamba que trabaja como negro en tiempos de cholos que viven como blancos (y viceversa). Ex cochero de la plaza, ícono de Lima. “¡Una foto!”, le piden, una placa en la historia. ¡Click! ¡Flash! Sonrisa Kolinos. Es Juan Manuel Arguedas Gonzales, el cochero de la Plaza Mayor. El hombre que soltó las riendas, luego de 23 años. Señor que dejó los corceles y se bajó de la calesa.
–¿Y por qué soltó las riendas?–Bueno, tengo que velar por mi familia. Mis hijos están creciendo y mis necesidades también aumentan… quiero darles un mejor futuro, una mejor educación… me da nostalgia dejar la calesa, pero fue por una mejora económica.
El pasado 18 de enero mientras Lima celebraba su aniversario 474º, con nostalgia don Juan Manuel miraba desde lejos la celebración. Era la primera vez, en más de 20 años, que no salía en corso con la calesa y los caballos para recorrer la Plaza Mayor, mientras turistas y curiosos alzaban la mano en plan de saludo para recibir de él un gesto de cariño.
Ahora no está muy alejado de esa realidad. Trabaja en el mismo pasaje Santa Rosa donde antes se estacionaba con su coche y los caballos, pero hoy promociona las joyas de la tienda Peruvian Gold. Parte de su nuevo trabajo es andar con la gente. Hablarles. Ellos se toman fotos con él y comentan su vestimenta de chalán.
“Acepto tomarme fotos porque mi imagen estará en cualquier lugar del mundo. Si hablan de Lima, salgo yo, como si fuera un símbolo de la ciudad. Y espero seguir siéndolo mientras tenga vida y salud”, dice sonriente. Recuerda que sus fotos aparecen en diferentes afiches de promoción de la capital, también en calendarios. Hasta amigos suyos le han comentado que en oficinas de turismo de EEUU aparece su imagen en videos promocionales. Lima, the city of kings. La tradicional imagen de la Catedral, y recorriendo la Plaza, don Juan Manuel saluda, como siempre, a quien lo saluda.“Pero nunca he recibido regalía alguna”, dice medio en broma pero con la ironía de quien sabe tiene los bolsillos estrechos.
Pasado militar
En la Plaza de Armas hay una protesta de la CGTP. La policía echa gas pimienta y los turistas corren. Es un día de fuerte sol y quema. Es mediodía y hay cambio de guardia. Se oyen las trompetas, el paso marcial de los Húsares de Junín. Juan Manuel mira hacía Palacio y recuerda que fue parte de ellos. A sus 17 ingresó al Ejército para permanecer allí cinco años. Recuerda que escoltó al presidente García en su primer gobierno cuando prestaba servicio en el antiguo Cuartel de Barbones. Muestra la foto y los recortes de periódicos en los que su imagen aparece como extra en la novela “Luz María”, o en la película Matalaché, en 1984, o en donde vestido de Baltasar recorre Lima como Rey Mago.
En su viejo álbum de fotos aparecen también tomas con Gaby Pérez del Solar, Pepe Vásquez, Margarito, el Gordo Casaretto, Lucho Barrios y Monique Pardo; también transportando a políticos como la defensora del Pueblo Beatriz Merino u otra en la que posa con el alcalde Castañeda. Luego muestra portadas de revistas internacionales en las que su foto y su particular atuendo recorren el mundo a través de aviones.
Personajes ilustres
“Anécdotas con alguno de estos personajes, muy pocas. No tengo gustos políticos. Ellos son muy controversiales”. Lo que sí afirma: “Todas las apariciones fueron sorpresivas y felices”.
Sin embargo, tiene en el recuerdo un momento triste, don Juan se encargó de trasladar el féretro del presidente Valentín Paniagua. Nunca vio tanta gente junta llorar por un presidente.
¿Un momento alegre? Cuando conoció al director y fundador de El Gran Combo de Puerto Rico, Rafael Itier. Se tomaron una foto, él posó muy sonriente y se sorprendió al ver la calesa en una Lima convulsionada pero aún de estructura colonial. “Esa foto es mi tesoro”, dice, pues el hombre gusta de la salsa dura. Admira al maestro Lavoe y, en sus mejores tiempos, a Oscar D’León. Como buen moreno, dice, tiene que ser bailarín.
Padre de 3 hijos, casado hace 18 años. Ha vivido en el Callao, en La Molina y Barrios Altos, donde reside actualmente. Sus lujos: un televisor en blanco y negro sin cable. ¿Computadora? Never.
Trabaja ahora desde las 9 am. Siempre de pie y nunca de rodillas. Aunque el sol y las piernas terminen molidas al finalizar el día, hay que sobrevivir en esta Lima de gallinazos y plumas. Anda corto de billete. Cría a sus hijos con la severidad y serenidad de quien sabe vive en una zona picante. La vida militar lo ha sabido preparar para la guerra de la vida. Ahora anda con sueños. ¿Quién no los tiene? El suyo es muy sencillo: aprender inglés, leer más sobre la historia de Lima, llegar a ser guía turístico y, por qué no, poner su agencia en un futuro. Para ello requiere ayuda. Y la pide. Quiere una cita con Alan García Pérez. ¡Atención, señor Presidente!
Mensaje a la Nación
“Quisiera que Alan me dé 5 minutos de su tiempo. Hacerle recordar que fui su escolta. Que me reconozca ante la sociedad. Mi trabajo y perseverancia. No pido plata, sino su apoyo, así como lo hizo con Máximo Piñeyro, el hombre del sanguito. Yo quiero seguir pa’ lante. Le he escrito una carta espero que sea bien recibida. Son 23 años que he trabajado como cochero en la Plaza Mayor, eso no lo tiene cualquiera, no lo he visto nunca y en ningún lado. De esta forma quiero darle tranquilidad a toda mi familia, quiero trascender turísticamente, que la gente no me olvide. Quiero que mis hijos saquen pecho por su padre”.
Entonces le entra la nostalgia y recuerda momentos agradables, la sonrisa de la gente, los histriónicos y raros personajes del Centro, los caballos, claro, los caballos. Aparece el Charly, el King, la Muñeca, la yegua Petra y el Broncano… la lista continúa. Son 23 años pues.
Sabe, los animalitos están cerca pero él ya no los maneja, ahora ve cómo sus compañeros continúan el trabajo en la vieja plaza.
Juan entonces se denomina un “black power” como Obama. “Fuerza negra”, dice y, vuelve a reír. Esta vez con la convicción de saber que él intenta surgir y luchar en estos pagos del Señor. Como cuando con 20 años se inició en esto de ser cochero para solo dejarlo a los 43. Una vida, toda una institución que soltó las riendas de la calesa, de los caballos, pero que aún es postal capital.

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Datos
Nació.
Juan Manuel Arguedas Gonzales nació en Lima el 11 de abril de 1965.
Experto. Cuenta que con los años sus reflejos aprendieron a dominar los nervios de los caballos. “El animalito es dócil, pero hay que tener cuidado siempre”, afirma.
Premio. Juan Manuel fue condecorado el 18 de enero de 2008 por la municipalidad de Lima por su contribución al turismo nacional e internacional en la capital. Ese mismo reconocimiento lo espera recibir del presidente Alan García Pérez.

sábado, 31 de enero de 2009


(H)olas de bienvenidas

Llegaste para la boda de tu hermano y para variar seré el gran colón de la fiesta, compadrito. Aunque sin parte de invitación pero con la venia de tu familia estoy a siete días de partir a Trujillo, con boleto de avión ya comprado y la mochila lista (y sin condones- te conté que los boté todos a la basura) iré para cumplir la promesa de asistir al matriqui de Pooll y luego disfrutar de la playita. Se trata de (h)olas de bienvenidas.
Ahora que ya pisaste tierras nuestras hoy por la mañana te fui a buscar como en los viejos tiempos. Aunque malograste mi intención de llegar con el silbido de siempre. Te hallé en la puerta de tu casa, con bvd y short, que notaban tus fácil cinco kilos de más, mientras tu gran viejo discutía con el hombre de la basura por no querer llevarse unos paquetes de tu vecina.
Por todo lo que te conté en la mañana te debes de haber dado cuenta lo mucho que me hacía falta una de nuestras conversas en vivo y en directo. Nada de Webcams, teléfono de mierda, complicado Messenger. Te conté de todo. Decidí quitarme los tapujos, destapar los fantasmas que prometí ocultar y hablé. Disculpa por el egoísmo, por ese monólogo que tuviste que soplarte por casi dos horas ¡¡¡qué bestia….solo un amigo puede aguantar tanto!!!. Necesitaba un consejo y me lo diste. “Sigue adelante”, dijiste. Eso suena a canción cubana, pensé. Te conté de las buenas y malas noticias. La peor del fin de año y la más triste del 2009. Vida, muerte. O un deceso anunciado que no es apta para crónica. Borrón y cuenta nueva, dije. Tú asentiste. Sabes es lo mejor. Borrón y cuenta nueva. Borrón y cuenta nueva. Hay que aprender la lección.
Te vi más cachetón y la buena onda de tus viejos me hizo sentir bien (¡Con jugo de papaya y todo!). Fue un grato reencuentro Junior. Te dije que el tiempo parece no pasa, que las cosas siguen igual, y tu te empeñaste en hacerme recordar eso que suena a chiste cruel, a broma de buen gusto: “La paras cagando”. Lo sé… hay cosas que no cambian.
Me viste más pelucón y con el mismo peso. Recorrimos temas tan sencillos como el pescado frito de Habich, la huaca y los fardos funerarios. De la gente, hasta de “manguera” y los domingos peloteros. No hubo tiempo para conversar de la U, ni del Cristal. Es que, lo siento, todo fue una egoísta auto introspección que presenciaste muy temprano.
Hablé de los amores, de mi disfunción eréctil, de la familia, de los cambios, de la gente que partió como tú y que volvió como tú. Mencionaste que iniciaba tu cuenta regresiva para el retorno. Casi te mando al carajo por chistoso. Sé espontáneo, fue lo único que pude decirte. No hagas números invertidos, mira tú retorno como algo lejano. Esmérate en andar por Lima gastando suela de zapatos madrileños. Observa las cosas que dejaste con la misma nostalgia que cuando partiste. Los que nos quedamos nos hemos encargado de mantenerlas o destruirlas. Bueno, no es hora de filosofar. Por lo pronto, estas en Lima limón. En unas horas será tu cumpleaños y de cajón estaré allí para embriagarnos con los vinos Miranda Carhuayo, lo mismo que hace un año, cuando terminamos sentados en la vereda de tu casa viendo como el sol de febrero aparecía a las 7 de la mañana y después de la gran fiesta de cumple-despedida tuya. Horas después perdí mi vuelo a Tarapoto, recuerdas (sí, la paro cagando)… jajaja…. Bueno, hoy es tu cumple-bienvenida y estoy feliz. Ya se me pasó la pena de la mañana. Ahora oigo al Grupo 5 desde mi compu y me ha levantado el ánimo. No puedo dejar de sentirme extraño por ratos (sabes a lo que me refiero) pero ya pasó. Bienvenido amigo. Un brindis por tú 2010, por tú llegada a Lima, por mis historias de siempre, pero por tú capacidad de ser tan noble, perseverante y oirme sin recriminarme, sin juzgar, solo escuchar y mirar. ¡Carajo, el corazón se me hace pasa!. Para la noche ya estará macerado. ¿Habla, somos unos vinocos? ¡A tu salud!.
* La foto que aparece en esta speudo carta es del primero de febrero de 2008 a las 7 am en el cumple de Junior que inició a las 10 pm del 31 de enero. Por esas horas ya borrachos, pero con la amistad intacta. De aquel día quedó esa placa.

sábado, 22 de noviembre de 2008

¡Matemos al Cuy Mágico!

Harto de la publicidad exagerada del roedor del BCP, me atrevo a proponer secuestrarlo y cocinarlo. ¿Quién me ayuda?.

David Gavidia.

Ya me tiene harto ese huevón. Con su voz de maestro Yoda y su capacidad de sacarle la jijuna a Luc Skywalker con la simple jarana de, “anda yo te presto”, les soy franco, me acabo de unir al grupo del facebook que recolecta dinero para comprarle Campeón al Cuy Mágico que da plata. Y les soy más franco aun, en unos instantes me uniré al de “Matemos al Cuy Mágico” y porque no “Saquémosle la mierda al Cuy Mágico”. ¡Maldito roedor!.
Y sabes porque ando con la bilis atravesada y las arcadas revueltas, porque mientras más sales en la teve lorcha, cada diez minutos en cada corte comercial, en cada canal con los dientes salidos y las manos amaneradamente hacia delante, me recuerdas que ando con 20 lucas en el banco, cinco maracas en el bolsillo y que hace unos días pagué más de 800 soles en deudas al maldito Banco Falabella. En suma, ando más misio que el Chavo en Acapulco. ¡Ala mientras!. Si existieras Cuy Mágico, por la Sarita te secuestro.
Ordenemos las ideas. Qué creativo fumeque fue capaz de diseñar cojudez tan chistosa que nadie recuerda el nombre del producto del banco ¿Qué?, ah sí, del BCP. Fue acaso en una noche de copas, fue producto de una alucinación pajera… ¿de dónde nació tal idea?. Fue acaso la suma del pobre Ekeko andino con los budas chinos que llevó al publicista “X” ganarse los frejoles con una idea como esa. O es parte de la explotación del cuy como producto de exportación. ¡Viva South Park!, ¡Qué muera Kenny carajo!, quienes se atrevieron a colocarlo de manera espectacular en uno de sus memorables capítulos.
Ya detesto a quienes incluso se han hecho fanáticos del Cuy Mágico que da plata, del que capacita empresarios, del que baila reggaetón en el youtube, del que tiene su club de fans en el hi5 con la cantidad alucinante de 50 mil ahuevados.
- Cuy Mágico que da plata, préstanos pues.
Ahora que ando más endeudado dime entonces: “Preocuparte no debes”... Pobre animal.
Ayer sábado observaba feliz el partido del Liverpool con el Fulham de Inglaterra por Fox Sport (canal 50). Y que creen, en el entretiempo del partido, aparece el pobre huevón, rodeado de esos dos actores regordetes con cara de estúpidos soñando comprarse su pedazo de tela. “Comprate este”, jure les diría si los tuviera frente mío.
Quiero proponer una hipótesis. Acaso este cuy es estereotipo de los publicitas de looking flower quienes piensan aun que el microempresario es el mismo que ama Dina Paucar y se enciende con las arpas de Ayacucho. Puede que sí, pero se equivocan, la nueva generación (esa la del Grupo 5), de laptos HP sacadas al cash en una tienda por departamento ya piensan más en alucinarse con REM y la Ñ más rock en español. Mal pues compadre. Ingenioso es. Efectivo para la marca no sé cuanto. El creativo ya logró marcar una nueva institución en la publicidad local: un cuy, que deja mal parado al entretenido “Es fin de mes” y ya parece transcenderá como el popular “¡ahhhhh Yungay!”. Pero de allí, ya lo diría Casaretto: “No pasa”.
Un sujeto identificado como Milton Vela en un comentario que hace sobre el Cuy Mágico en la pagina web de El Comercio dice que le dicen lo siguiente. Que Rolando Arellanos, comparte la hipótesis que se maneja en este post: “Se esta abusando del estereotipo que se tiene del empresario PYME porque el cuy será más familiar para la anterior generación que para ésta, que ya transita desde el Mega Plaza hasta Larcomar y si quiere se va Asia”. Golpe bajo para la ingeniosa publicidad. Es cierto, tiene mucho de verdad, también.
Y es que, hasta el Cuy ya se apoderó del google. Más de 20 páginas dedicadas íntegramente al roedor que ya me hace recordar a los prontuariados Quimper y León. Sinceridad: me lo comería chactado.
Harto estoy (carajo, acabo de expresarme como ese jijuna). Acabo de dar clic al grupo del facebook que me hace integrante del grupo que quiere darle vuelta al roedor. Habla, ¿te sumas? Si ya lo hiciste únete a la cruzada y difunde este post y responde al foro: ¿Dónde patiarias al Cuy Mágico?: las opciones son:
- En la cara de imbecil
- En el culo
- En las manos de maricón.
Yo me quedo con la primera. El foro esta abierto. ¿Te apuntaste?. Matemos al Cuy Mágico.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El suicidio de los años

¿Pueden morir los años acaso? ¿Ser suicidas por vocación? Los meses pueden ser cancerberos asesinos de los que muchos llaman ilusión y Virgilio su personaje más inhóspito pues solo brinda un tour gratuito por el infierno sin ofrecer los círculos del cielo, eliminando, claro esta, todo tiempo, segundo o reloj para no dejar rastro de los que alguna vez pasó. El suicidio de los años es posible, solo conoce de personas muertas.
En un mes maté ocho años. En mis 24, asesiné los 23 anteriores, hoy con 25 me resumo en la filosofía Mao: destruir, para reconstruir. Critiquen caviares. Sé que está mal. Se supone debo andar destrozado, con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas. Un amigo me comenta que me ponga triste de una vez pues en la noche los sentimientos pesan y los ojos se humedecen. Que el corazón tortura como una resaca por desamor, como una bajada sin comida.
El mismo compañero recuerda que la felicidad es la extensión de la tristeza y caray, cuánta razón tiene. Ahora trato de endurecer este caparazón poliédrico que aparece sobre mi espalda como si me convirtiera en una tortuga o quizás en el animal que Kafka desea me transforme. Lo juro, ya siento como me sale lo baboso del cienpies ¿o el escarabajo?, lo que sea, baboso en fin. Acabo de matar ocho años digo, porque me disparé contra los pies. Maté los que quizás fueron los cinco años más felices de mi vida. Y pronto mataré otros tres que sirvieron para aprender del oficio como de la profesión. Ocho años, cinco más tres, la suma de los términos solo da un resultado: la habitación vacía, la cama solitaria y la puerta cerrada. No molestar, dice el anuncio sobre mi puerta. Hagan caso por favor.
Escribo y notó como se me sale un poco el alma y la refreno, pues sé que si la dejo escupir esta se transformará en dolor. Y el caparazón, como cáscara de huevo, se romperá frágil, para derramar su contenido de dolor. Dramatismo cojudo, digo ahora que leo esto, si pues… lo es. Déjenme serlo por un día. En la madurez, la tristeza dura una noche, jamás un día. Mañana, con la llegada del sol –que saldrá- todo pasará y el error que sé he cometido será borrado, pues las penas se llevan también las reflexiones y todo seguirá como la vida quiere, cada cosa en su lugar, cada persona en su local, cada uno donde desde mañana, debe estar.
En unos días, además me quedaré sin monedas ni acción. Son decisiones que ya están tomadas. Creo que la pena que siento por el tema que me resisto a decir y publicar se convierte en rabia cuando toco lo profesional. Todo, llega a un límite, las cosas también van llegando a su final, solo espero una canasta. Destruir para reconstruir. Sí carajo, filosofía Mao.
Por lo pronto tengo un dolor de garganta y harto moco dentro de la nariz. Ya, la mierda, no quiero escribir más y este nuevo post se convierte en otro tanto frustrado que será publicado y leído sin la mínima cuota de piedad por el lector. Nadie lo comprenderá, qué chucha.
Bueno, en realidad pensé me serviría esto de catarsis pero peor, ni si quiera logré curarme en salud, lo cierto es que por mi culpa alguien no anda bien. Es otra de los errores con lo que deberé aprender a convivir: 2008, año de mierda, solo me dejaste una lección, los años también son suicidas, dejas personas muertas.

martes, 14 de octubre de 2008

Nació un 31 de agosto de 1929. Murió un 4 de diciembre de 1994
Un homenaje al maestro Ribeyro

Maestro, usted que descansa allá en el cielo, cuénteme, cómo nos ve. A estos personajes suyos, a estos mudos parlantes. Cuénteme maestro, ya que sin haberlo conocido me siento cerca de usted… Y pensar que a han transcurrido casi catorce años de su partida.

Escribe: David Gavidia.

Querido Julio Ramón,

Discúlpeme por estas vagas líneas. Su grandeza, tal vez, hagan de este homenaje un sencillo pasquín, pero no podía ser ajeno a su celebridad, ajeno al mes en el que usted, por terco, se nos fue.

Y le digo terco, porque usted Ribeyro prefirió la tumba a quedarse paralítico de genio (no podía escribir sin cigarro entre los labios), temeroso cáncer de mentes fértiles como la suya Julio Ramón. Pero ello nos costó, nos dolió y golpeó duro aquí en el corazón, por que dejamos que usted sea devorado por aquella musa negra vestida de cangrejo y nos dejara huérfanos de cuento, huérfanos de Ribeyro.

Y uno que lo conoció desde pequeño y oyó de voces padres oír que Ribeyro era camarada de tertulia, flaco, lánguido y ameno de voz. Aunque su fama de triste lo hayan hecho un literato que gusta. Pocos han logrado lo que usted, Julio Ramón: hacer de Lima, eje motriz de sus historias, capital convulsionada donde “…encontrar a un limeño es un verdadero milagro” y van muriendo los recuerdos de “Las tristes querellas en las vieja quintas”.

Ribeyro, y uno que aprendió a quererlo en las aulas al toparse con “Los gallinazos sin plumas” en las carpetas primarias, “La botella de chicha” en las secundarias y con “Silvio en el Rosedal” en la universitarias, déjeme decirle algo: en realidad con usted se aprende, sí, se aprende a ver “su” vida, “nuestra” vida depositada en aquellas hojas amarillas, todos somos personajes de sus obras, todos hemos crecido como higuerillas en los lugares más amargos y escarpados, donde se aprende de la vida, su dulzura y acidez. Don Julio Ramón, hoy usted nos hace falta.

Y si pedí disculpas por estas líneas fue porque esta misiva de investigación no tiene nada, pero si de aquellas cartas que usted, amigo mío recibía cuando en Paris yacía afincado y con la cabeza gacha evitando la fama, aquella que usted tanto odiaba. De usted se ha escrito mucho, y se ha hablado mucho también, pero todos tienen un defecto: Todos creen tener la gran verdad.

Don Julio Ramón Ribeyro, qué hubiera sido de usted si nos hubiera durado un poquito más. Porque se nos fue como los más grandes… quién lo diría pues, que ese flaco “fumeque”, el mismo que irónicamente cuidaba su salud con largos paseos en bicicleta acompañado, por supuesto, de un cigarro en los delgados labios, logaría en su soledad disfrutar del premio más importante de las letras en el habla hispana: el Rulfo, sueño de los más connotados escritores. Pues sí Julio Ramón, lo ganó y días más tarde nos dejó, ¿Irónico verdad?, o es que usted lo decidió así, largarse de esta tierra para ser recodado como los más grandes… se nos murió usted en los años más felices de su vida, cuando con cáncer y todo era capaz de encender cigarrillos y disfrutar escribiendo frente a su vieja máquina, la misma que no abandonó ni un minuto antes de su muerte, aquella fabulosa que fue el nexo entre su mente y el papel para regalarnos los personajes más entrañables de sus obras, entregarnos Efraínes, Bobys y Albertos en frenéticas luchas con los cholos Gálvez, por que usted fue así Ribeyro, terco, y prefirió dejarnos huérfanos de cuento a quedarse usted viciado de mente, paralítico de credo literario.

Don Julio Ramón, le dejo esta carta bajo el brazo, tal vez no fue mucho, pero la intención cuenta, no quise repasar mayores detalles de su vida, para qué, si usted fue tan discreto. Para qué hablar, para que narrar, sólo le digo algo amigo mío, cuando respiro tranquilo en cama y salta a mi mente las ganas de soñar pienso en usted, creo en su obra y la agradezco, luego maldigo la hora en la que este mundo de mierda nos privó de usted, don Julio Ramón Ribeyro. Seguiré su sendero, ¡Gracias Maestro!.

miércoles, 8 de octubre de 2008


Del significado de Octubre y sus creencias religiosas
Cristo negro, su hábito y el turrón...

Porque soy flojo y ando con la cuestión apagada no se me ocurre mejor idea que colocar esta crónica hecha en 2003 cuando trabajaba en el extinguido diario Liberación y tenía 19 años. En su momento tuvo buenos comentarios. Hoy (ya con casi 25) la noto un poco extensa y con muchas comas que deberían ser reemplazadas por puntos seguidos. Al igual de palabras y párrafos enteros que borraría. De todas formas se las entrego ¡Con cariño! Ya, lean y comenten.

Escribe: David Gavidia .
Foto: Karen Espejo (pirateada sin su permiso del hi5 que poseramente mantiene).

Tuve la suerte de nacer en un mes de tradiciones, una tarde de Octubre, mientras el Señor de los Milagros recorría la avenida Brasil para hacer su típica visita al Hospital del niño.

Mi madre era dada de alta en el Hospital del Empleado y salía conmigo en brazos. Era un recién nacido. No comprendía lo que significa este mes en Lima. Imagino que mi primer contacto con la sociedad fue con alguna señora gorda y fea que le ofrecía a mi mamá Vicky un dije milagroso, con una imagen indescifrable para mi, mientras otra me echaba incienso en la cara para la suerte...por cierto, la tuve.

Han pasado 19 años y recuerdo haber acompañado fielmente aquella imagen indescifrable en sus inicios y que terminó por llamarse Señor Milagros. Al principio sin saber por qué y hoy con la firme convicción de seguir haciéndolo hasta que me recojan de este mundo. Durante años comprendí lo que significa este mes en el que tuve el privilegio de ver por primera vez la luz. Octubre resultó ser sinónimo de fiesta y fe, donde los fieles siempre miran en dirección a las Nazarenas como los árabes a la Meca.

Octubre, además de fervientes muestras de fe significa un atracón de la patada en las principales arterias de Lima. Ojo descuidados y descuidadas. Choros y pirañas abundan. ¡Señor, ten piedad de nosotros!.

Jamás use hábito. Recuerdo que en el año 93, cuando cursaba el tercero de primaria, un amigo llegó al colegio con una corbatita en la que tenía bordada la imagen del Señor, lo primero que pensé fue en tener una igual y llegar a las aulas orgullosísimo y corbatudo, con cara de penitencia y de ser buen religioso. Llegué a casa, le pedí una igual a mi mamá, la respuesta fue negativa: “Tienes que ser devoto”, me dijo, ¿Qué significaba eso?, pensé, en mis escasos nueve años. “Tienes que ser fiel”, me respondió, de seguro intuyendo mi aun tierna ignorancia. Nunca use una igual.

Diez años después de este suceso tan lejano y añorado aun recuerdo a este compañero y me pregunto si seguirá con sus firmes convicciones, como en aquellos años de primaria, cuando incluso se atrevió a darme algún cursillo acelerado para ser “todo un devoto”.

Ya lejos de las aulas escolares y trabajando para este medio de comunicación, aprovechando una comisión, decidí pasear por esa zona morada y entrar un momento a venerar a la Imagen, sorpresa mía, al ver que para ingresar a tocar un cuarto de segundo la efigie, tenía que hacer una cola enorme, toda una procesión. “Ingreso dos de la tarde”, un letrero. Observo el reloj, medio día, era un abuso.

Una música celestial acarició mis oídos. “Señor de los Milagros... aquí venimos en procesión, tus fieles devotos a implorar tu bendición...” ¿La música vendrá de los interiores de la iglesia?, ¡No!. Sorpresa, el último grito de la moda en venta: el CD del Señor de los Milagros, con todos los temas de la famosa procesión, además la historia narrada por una voz melancólica, preocupada o estreñida, ¿Cual es el precio?, Diez soles joven, es doble. ¿Y el casete?, 5 soles.

¿Cuántos vendes al día?, pregunto confianzudamente a un señor de camiseta blanquiazul. El me responde sin pensarlo siete veces. “Depende, 5 o 6 incluso más".

Una Señora que observa la conversación se acerca con un centenar de estampitas, velas y rosarios. Sin que nadie le preguntara algo ella responde a mi inquietud anterior. “Yo puedo ganar hasta 100 soles en los días de procesión, trabajo desde la 6 de la mañana joven hasta las 9 de la noche".

El mundo del turrón en las afueras de las Nazarenas. Siento en la espalda un jalón, mi chompa se estira al máximo. “Tenga cuidado oiga”. Le digo a una turronera uniformada de enfermera. Ella, con el bocado de la muerte en una bandeja de platino insiste. “¡Joven no se lleva un turrón!”. “Suficiente con el tuyo”, quise responder. Noté que le faltaba un diente. “No hay plata”. Respondí con incomodidad, pues 10 vendedoras más se venían al asecho con su mañoseo turronesco. ”Prueba te va a gustar”, insinúa la chimuela. Acepto. Un mordiscón a aquella suave porción de miel y frutillas, sabe bien. Es “Doña pepa, el original”.

Pronto caigo en la cuenta que todo los turrones son de Doña Pepa. “Turrones Doña Pepa de Santo Domingo”, “Turrones Doña Pepa, El Milagroso”, “Turrones Doña Pepa Las Hermanitas”, además del antes mencionado. ¿Todos son de doña pepa? Pregunto, “Amigo es que ella es la creadora”, responde con la solemnidad que solo una entendida en la ciencia del turrón puede ofrecer. Continúa, “nosotros somos los originales, usamos fruta y miel de calidad, somos el más suaveciiito”, parece cantarme su jingle. “Eso no es de San José”, increpo. Silencio. “No me malogre la publicidad joven”, (risas). ¿Cuánto el kilo? A doce soles mi amor, el medio a ocho y el cuarto te lo dejo a dos. Aunque sea llévame un cuarto y luego a la cama”. Me quedé frío, ¿La del turrón bravo se me insinuaba? Sonríe, se carcajea, se burla. “Una broma joven, pero gasta dos manguitos. Te has comido como cinco bocados” (carcajadas). Casi hipnotizado por su juego de palabras accedí a comprarle un pedazo del postre de Octubre. Quién puede con el encanto de las vendedoras antipáticas y groseras pero querendonas y sobonas de Lima. Hasta pronto papacito y que el Señor este contigo.

Todo Lima en el mes morado se contagia de un fervor religioso. Todos, al igual que en agosto cuando le toca el turno a la bella Santa Rosa. Hoy esta Iglesia bajopontina yace polvorienta, lejana y olvidada. A solo media cuadra de la ahora poblada Nazarenas.

Luego del heroico escape en la iglesia vecina quise ingresar por un momento a sus pasadizos alejándome del bullicio de media cuadra más arriba. El resultado de esta visita: tristeza total, aquella Santa tan visitada en Agosto y olvidada el resto del año, como nos cuenta el amigo portero, es en estos momentos fiel reflejo de la melancolía al igual que su pozo milagroso, vacío. Los ambulantes van a contar sus monedas y la mercancía con la imagen del negrito crucificado, si un parroquiano ingresa a visitar a la bella Santa los buitres de la informalidad van a su acecho de inmediato, ¡Sobres para el pozo de los milagros!, ¡La verdadera historia de la patrona de Lima!, mientras esconden presurosos la mercancía morena. Todo es negocio.

La peregrinación es una historia a parte, estos mercantilistas de la fe se mezclan entre los fieles y te refriegan en la cara el calendario 2004 del Cristo Pachacamilla, rompiendo la concentración y las promesas de sacrificio y el pedido del milagro correspondiente.

Como escribí en los primeros párrafos de esta crónica, mi fiel compañera en estas vicisitudes religiosas de la vida fue mi madre, mi mamá Vicky, quien todos los años era capaz de despertar a su hijo único a las seis de la mañana, y yo, renegando me ponía de pie, pero al darme cuenta que este día de procesión resulta una fecha especial para mi, saltaba de la cama, me vestía con lo más parecido a morado que tenía y salíamos disparados de nuestra casa.

Allí en la avenida Tacna, miles de personas se daban cita (como en esta mañana), la emoción de los devotos es contagiante. Señoras de hábito con sus mantillas y sahumerios en las manos. Llorando, caminando de rodillas, hombres a punto del flagelo y niños en los hombros de sus padres sin comprender lo que sucede.

Adelante la imagen se desplaza lentamente, paso a paso con un movimiento galante, mientras la población en los edificios lanzan globos morados, blancos y papel picado, el momento se llena de un olor a octubre, las cadenetas parecen resistentes al viento, el Puente Santa Rosa cerrado para el paso de los peatones, las palomas blancas pasean por el cielo gris como intuyendo el síndrome de paz que invade el lugar, los fieles parecen estar de luto eterno, forrados de un color sicodélico que nosotros los limeños nos hemos encargado de transformar en tradición.

Uno que Reza, otros que lloran, muchos dirigen su mirada al cielo e inicia sus peticiones acompañadas de promesas, en muchos casos imposibles para los mortales pero no para lo que llamamos Todo Poderoso.

“Señor protege a mi familia, y los que quiero. Cuídame. No me separes de los que amo. Señor libérame de todos los males”. Un hombre paralítico llora, una anciana parece desmayarse en la aglomeración del cine Tacna, Defensa Civil aparece presuroso en su rescate, mientras el equipo de Alianza Lima dejó la vestimenta blanquiazul para forrarse de blanquimorado en signo de sus creencias.

Los vendedores siguen llenándose los bolsillos de fe ajena, sin importar dejar una muladar el lugar donde se colocan a hacer su negocio, picarones, bocadillos de Piura, piedras pómez, chicharrones, y los rateros se disfrazan de creyente por un momento. Medio Perú siguiendo aquella imagen milagrosa, dejando esperanzas por donde pasa y presto para la jarana de la noche que acabará en bronca y con promesas de cambio olvidadas y renovadas para el próximo año, total los pecados serán eternos, así como el negro más querido del Perú, con su octubre criollo, el hábito de gabardina o polyester morado y su turrón de doña pepa, sea la marca que sea, de igual forma siempre tendrá sabor a Octubre.