sábado, 30 de agosto de 2008

Si te contara

Cuando el amigo Junior se fue sabía lo que perdía. No hay refugios más complacientes que las conversaciones con los mejores patas. Sabes que oirán, callarán, luego opinarán y de seguro, al final de la charla dirán: !Habla,
unas chelas!, qué felicidad. Esa es amistad. Imagínense, si el Dingo lo sabe...
Bueno, eso ya no existe, así que uno comprende que las conversaciones que salen de la vilis o el corazon quedarán estancadas en el charco del olvido, por un buen tiempo al menos. Por eso solo queda callar. Y el silencio es como el cáncer: te come por dentro, te oscurece el alma, te vuelve un ser vulnerable a la compañía. Entonces uno se da cuenta que hay pocos refugios donde cobijarse. Es cierto, uno puede contar cosas a los amigos, pero no siempre con la verdad absoluta. Es mejor tapar ciertas cosas, como el sol con un dedo, que -en lo metafórico- sí es posible.
Ocultar ¿porqué?, Y es que no hay una voz cómplice que te diga: "eso esta bien", sin juzgarte, o "la cagaste", sin ser criticón. Es cierto, muchos dirán que tengo una bonita compañía siempre y la pregunta caerá ¿Por qué no ella? Fácil, la voz del carnal se extraña. No es lo mismo contarle "algo" a un hombre que a una mujer, por lo menos yo entiendo así las cosas. Hay conversaciones por cada género. No es machismo, ni feminismo, es
cuestión de complicidad. Como decirle a una mujer, por ejemplo, que te jode que Z se enamore de Y, que Y se vaya bien lejos y vuelva con N. Qué N es una variable universal, que más que un número significa cantidad, que resulta siempre mucho, como los cariños que se extinguen con cada botella de licor. La culpa entonces, sin querer, es de A y B. La pregunta es, dónde aparece D. Todo un enredo. Cómo contar entonces que un día te fuiste de parranda y llegaste a una barra de a Sol en la Colmena con las mismas ganas de morir que tu amigo, hermano y compañero de trabajo. Las ganas de recibir un balazo en la nuca y ser enterrado un día despés. Las mismas ganas de morir que a veces se apagan cuando vez, a las seis de la mañana, un cuasi cielo azul tornasolado. Raro, en una Lima gris. Es eso o el exceso de marihuana. No lo sé... Ahora te comprendo Vallejo.
Hay veces que uno amanece con ganas de llorar y eso se oculta con las mismas licencias que tuviste las noches en que quisiste matar o que te maten. Ayer tuve esas ganas, de naufragar solo. Y es por eso que, una vez culminada mi cita con una amiga de la vida, decidí dejarla sola, en un bar del Centro de Lima en compañía de su (otrora, o actual) enamorado para caminar. Reconocer las locetas mojadas del Jirón de la Unión y el olor a basura fermentada que nace de la esquina del Mc Donalds, o los freaks en busca de marimba o coca bien pateada. No sé. Solo reconocer, es siempre bueno la soledad. Qué rico es caminar pensando en la gente que se va.
- "Oye Junior, te fuiste y te jalas gente en estampida". Esa no te la conté, entre ellos la china Mariela y amigos de los que nunca te hablé pero que de haberte quedado seguro te hubieras enterado. ¿Qué hacen todos por allá?. Haciendo patria seguro. Hay veces amigo, que uno se siente como un paria. ¿Cómo jode verdad?. Se Abren más silencios. Uno por aquí otro por allá y te vas convirtiendo en un mudo. Espero no terminar como uno de los personajes de Ribeyro. No me cae el papel de perdedor, eso es lo que creo. Silencios, dudas, preguntas ¿Qué hubiera pasado si te hubiera contado? "Ta mare, eso no lo sé". Hace unas semanas odié a todos. Y fue por que te enseñé las fotos del bautizo, y descubrí besos, amores que se fueron tiñendo de negro para quedar enfundados en lutos eternos. Sí, pongamosle humor. Mi odio hacia la gente fue porque andube con el negro encima, jaja. Y te lo aseguro, cómo dolió. Pero es extraño, a uno se le mueve el piso y comienza a detestar a la gente. Incluso discutí con mi mamá. Imaginate el grado de consternación en el que andaba.
Quería, una vez más, salir a la calle y buscar matar a alguién, era la excusa, quería que me chanquen, para, como el fénix (es el único animal que me vino a la mente) renacer del polvo (cómo me gusta esa palabra). No me golpearon, tampoco chanqué a nadie, pero sí tengo por seguro que destrozé unos corazones. No todo es decepción por amor, sino todo pasó por mi actitud molestosa. Sí, fantasmas que salen de ninguna parte. Ahora parece que vuelven, lo sé, solo por unos días pues ando de vaciones y el viaje a Cajamarca y la soledad me harán recapacitar.
Ayer almorcé con una nueva amiga de ojos grandes y cabello rizado y le prometí (como mil veces he hecho
delante de tanta gente) cambiar desde el lunes. Y como parte del cambio de piel esta en volver a las letras, actualizar el blog e intentar sacar los demonios. El papel sí que lo aguantará.
Junior, esto ya parece ir tomando tono de carta, te cuento, he tomado la decisión de partir. De irme. Pronto espero darte noticias. No creo ir a visitarte, mis rutas son latinoamericanas. Espero eso sí, pronto verte, en pocos meses han pasado mil cosas: conocí Huacho... oye cabrón, cuentame tu viaje a Roma. ¿Es tan bonito Venecia?, eso ya suena a canción.Prometo volver a escribir. También tener una actitud más positiva. Por lo
menos ya no odio tanto a la gente. El roce con otros cuerpos ya no me exaspera tanto. Mejoré mi actitud con mi mamá y ando tan confundido como cuando me quitaron el tapete y caí de cabeza sobre el suelo. Ya pasará. Solo pido unos días.
Mientras seguiré escribiendo. Eso de hacerlo con la cabeza gacha sí que da resultados. No hacía bien ni una nota de prensa por miedo al papel en blanco. Ya no más, prometo cambiar. Eso sí, solo desde el lunes.
Pd: La compu ésta esta jodida, disculpa las fallas y los errores ortográficos que si son mios de mi, pero la premura hizo que el texto salga así. Esta publicado tal cual, sin corregir. No lo tomo como una falta de respeto, sino como un texto honesto. Espero no te joda.
alonso david.

jueves, 19 de junio de 2008

Constante decepción



Quiero dar mi protesta luego de la derrota contra Uruguay. No pido la cabeza de nadie, solo comprendan la posición de un hincha que mata por su equipo y espera que los jugadores, hagan lo mismo por el Per(ú).

Escribe: David Gavidia.

El sábado último rompí una promesa. Después de doce años siguiendo a la selección, cada vez que jugaba en Lima, no asistí al estadio. Hice cosas imposibles por ir siempre a los partidos de mi adorada Blanca y roja. (¡Carajo, qué defraudado estoy!): Me escapé del colegio en el año 97, le robé 50 soles a mi mamá para comprar una reventa contra Brasil en 2001, e incluso empeñé mi DNI para adquirir un boleto y asistir a un partido contra Chile en la misma eliminatoria. Siempre a Norte, en mi querida popular. Pero el último fin de semana, contra Colombia, nada. Recordé entonces que tenía plata pero no ganas. Era un efecto rebote. La decepción del buen hincha. La tristeza del que se siente defraudado.
Ya lo dijera Nietzsche: “Es que nada hay tan difícil como cerrar por amor la mano abierta y avergonzarse de su generosidad”.
Nunca le fallé. Se los juró. Partido amistoso en Lima, ¡Presente!, partido de preparación en el Monumental, ¡Presente!, en el Nacional ¡Presente!… para qué más.
La última vez que pisé el estadio para ver a la blanca y roja fue contra Brasil. Ese gol de Vargas lo grité tanto como uno de la U. Pero finalmente un triste empate. Luego de aquel partido sucedió el show del Hotel Golf los incas, cayó Pizarro, Mendoza, Acasiete y Farfán con la facilidad que Masías se resiste a disculparse con los ciclista de Larcomar (“¡Nos detuvieron por Cholos!”, La República, 13 de junio de 2008).
Entonces vino la debacle. Expulsaron a esos jugadores, supuestamente los de mayor calidad (sigo dudando de Pizarro y Mendoza) y vino lo bueno (es un eufemismo): España nos metió dos, México cuatro, Colombia uno y en el colmo de la barbarie Uruguay seis. Nuestra boca se infló de gol en solo dos ocasiones. (Cómo duele perder así). Ya no lo pudo describir mejor Abelardo Sánchez León: Se trata de “La balada del gol perdido”. La clasificación quedó de la siguiente forma: últimos del continente, con solo tres puntos en el bolsillo y menos doce goles “a favor”. Qué ironía. ¡Humillante!
Me pregunto: ¿Es acaso tan difícil defender una casaquilla que representa un país?. ¿Tan complicado, por último, saber que, no eres tú (Mariño, solo por decir uno) sino esa casaquilla representa a tu mamá, papá, hijos, abuelo, tu …¡!!!HISTORIA…!!!.
¡!!NO TODO ES PLATA MIERDA.!!!
La pregunta me la hago como hincha que gusta de fútbol y lo aseguro, mataría por mi equipo. ¿Qué pensará Cueto de todo esto? ¿Dirá algo el “nene” Cubillas?, Maestro Challe, no me jodas, esto es un mal lúpulo…. ¡No pasa!.
Ayer los trabajadores de Construcción civil realizaron una marcha rumbo al Congreso y no sé cómo se consiguieron un póster tamaño natural del “Chemo” del Solar (Sigo siendo tu hincha José Guillermo, pero por tu bien… renuncia). Al llegar al Parlamento lo quemaron y pidieron su cabeza. Hicieron lo mismo con Burga. ¿Vive el doctor?. Sí, se fue a mermelandia.
Mientras, el hincha recibía a huevazos al ex equipo de todos. Les gritaban maricones y hasta cáscaras de plátano les mandaban. Esa es la sensación del verdadero hincha: decepción. Por eso preferí no ir al estadio el pasado sábado rompiendo con eso mi promesa de niño.
¿Es tan difícil sudarla por la tierra que los vio nacer?. ¿Es tan complicado salir a la cancha y decir: Hoy, por ti… la vida?, los aseguro que no. Personalidad, por la puta.
No hablemos de cambios. Para eso están los especialistas. No hablemos de manzanas podridas porque, ya sabemos por donde sale el gusano. ¿Dónde esta mi fútbol?, me pregunto ahora. Este domingo vuelve el apertura y dejaré que nuestro nivel doméstico nos siga engañando mientras la prensa deportiva-amarilla nos siga vendiendo papas por camotes. Yo seguiré alentando a mi equipo (Por siempre ¡Y dale U!) y, aunque nunca pude jugar en una profesional, seguiré dejando mi garganta en la tribuna como deseo que mis jugadores dejen los huevos en la cancha.. Quiero seguir engañado. Que somos los mejores. Entonces iré al estadio o prenderé el televisor en CMD, y cuando mi equipo gane, compraré todos los periódicos deportivos y los coleccionaré, y cuando pierda, olvidaré que hay una selección que lleva una franja roja sobre el pecho y que me hace llorar. Solo allí, le robaré la frase al Búho tevé, y con pena: apagaré el televisor.

miércoles, 4 de junio de 2008

200 años entre los vivos

Lugar de reposo de presidentes, escritores, héroes y religiosos, Cementerio Museo Presbítero Maestro cumple un especial aniversario con problemas y esperanzas. Crece el turismo nocturno en su interior.


Una crónica de: David Gavidia.

¿Cómo andar entre las tumbas y de noche sin temor alguno? Cuando los nichos se hacen más profundos y los mausoleos más grandes. Cuando la oscuridad llena cada espacio y la luz solo aparece a lo lejos, como luciérnagas en el bosque. No hay ruidos y la muerte es compañía. ¿Cómo caminar entre las tumbas con tanta vida muerta?
La pregunta se la trasladamos a José Izaguirre, panteonero del Museo Cementerio Presbítero Matías Maestro. Está habituado a absolver ese tipo de dudas. Hace ocho años que trabaja allí y su experiencia le hizo llegar a una conclusión: para ver difuntos o sentirlos, hay que tener un don especial. "No cualquiera puede". Es de noche. Casi las siete. Los rincones del panteón están vacíos y le queda toda la madrugada por delante. ¿Cómo evitar el miedo?
"Simplemente no lo hay", dice.
Entonces, no puede evitarlo y relata esas historias que fascinan, y ya por esas horas tocan los nervios. Primero, que durante las noches, compañeros suyos oyen ruidos de adentro de los nichos. También, que han visto aparecidos e incluso, los difuntos, han pedido una oración de salvación. "Sucedió alguna vez en la segunda puerta del cementerio. El guardián de turno oyó ruidos. Entonces, se le apareció alguien y le dijo: "Quiero que me salven… recen por mí". Luego desapareció, desde ese día, se hace una oración por el alma". Todo lo cuenta en un ambiente tétrico, donde las siluetas de estatuas se levantan sobre las tumbas y parecen recorrer un eterno peregrinaje.
Son las 7.30 pm.

UN POCO DE HISTORIA
El Cementerio Presbítero Maestro fue abierto el 31 de mayo de 1808. Hace doscientos años. Rompió con la costumbre de enterrar los cuerpos en hospitales, conventos y parroquias para que al fin descansen en un espacio público. El mismo que ahora pisamos, antorchas en mano.
Ha llegado público y el recorrido solitario que iniciamos con José Bocanegra, historiador y guía del museo cementerio ha culminado. Ahora toca conocerlo en grupo. Han llegado 500 personas. Inician "Noches de Luna Llena", recorrido por el Presbítero Maestro que se realiza los últimos jueves de cada mes. Siempre de noche. En él, también participan, Luis Repetto y Gubén Chaparro.
Allí se explica que la construcción del camposanto se inició un 23 de abril de 1807 bajó la dirección del sacerdote Matías Maestro. También se destaca que fue por órdenes del Virrey Abascal y se inauguró un día como hoy hace doscientos años con el traslado de los restos del Obispo Juan Domingo Gonzales de la Rivera.
En el ambiente se respira una carga espiritual fuerte. A veces alimenta, otras agobia. Quedarse solo por los recovecos estimula el corazón, las emociones son fuertes. Es producto de las más de 850 tumbas, monumentos y mausoleos. También, de los más de 220 mil nichos que hay en el lugar.

HABITANTES ILUSTRES
En el Presbítero habitan peruanos ilustres: José Balta, Manuel Pardo, Felipe Santiago Salaverry, Abraham Valdelomar, Ciro Alegría, Ricardo Palma. Los héroes caídos en la Guerra del Pacífico y hasta santos populares como el niño Ricardito. Pero, así como su belleza histórica, también –en palabras de Luis Repetto– el cementerio tiene los mismos problemas que la ciudad: falta seguridad, hacinamiento, agua, contaminación.
Allí se ven estatuas sin manos, ausencia de dedos, monumentos de bronce robados. Dicen que chamanes y delincuentes comunes ingresan por las madrugadas e intentan saquear el lugar, que tiene más de 20 hectáreas. Rituales, falta de cultura. Todo en una suma de complejidades. "Imagínate, una estatua de bronce de 150 años vienen, la roban y la venden a diez soles", dice resignado Bocanegra, rodeado de niños y adultos que escuchan su explicación. El recorrido dura dos horas. Es el momento de partir.
Entonces el panteón queda solo y los guardias también. Además de los historiadores quién mejor que ellos para conocer este bicentenario Presbítero Maestro. Ese que nació en los extramuros de Lima y hoy es centro de la historia nuestra, con sus bellas estatuas neoclásicas y estructuras funerarias europeas del siglo 19. Allí, donde la muerte no es el fin, sino, como dicen, una simple continuación.


* (Crónica publicada en el diario La República el sábado 31 de mayo)

jueves, 29 de mayo de 2008

La huaca, el barrio y los arcos


No es acaso una cancha de fútbol el ring de las amistades. Todos se disputan un balón. Presente desde niño en la Huaca Palao, aquí un pequeño recuerdo a la canchas de pampas nacidas en SMP.

Por: David Gavidia. (Habla Talen!!!!!)

A la gente brava de SMP.

Aún recuerdo la primera vez. Recién mudado y con siete años. Todavía se observaba grass en los alrededores y encima suyo, una huaca que desde entonces ya era habitada por locos y malditos: le llamaban Palao.
Sus arcos no son los de hoy. Estaban clavados en la tierra y su madera lucía apolillada. Las redes eran de pescador y estaban rotas por el medio y los costados. En la cancha, doce jugadores se disputaban un balón de cuero marrón, al lado, una doña “curaba” a un jugador con la ceja rota. De su seno brotaba un líquido transparente y este caía sobre la herida abierta. El “10” tendido sobre el suelo gemía su dolor, la miseria de un golpe en el orgullo, el drama de un gol fallado. Goles son amores, y su error, le había costado duro… sangre por los suelos.
Allí quedé impactado. Ese panorama de golpes y goles, de oles y amores. Todos vestidos de polos y pantalones cortos. Algunos usaban vinchas, otros llevaban las medias hasta las rodillas. Jugadores uniformados. Mediocampistas sin polos. Defensas asesinas. Arqueros de mangas largas y guantes para el frío. El romance con la huaca llegó de inmediato.
Para emular a esos jugadores de pampon hacía falta un uniforme. La camiseta de la U fue mi primer regalo (hoy tengo 10). Luego la pelota y la confianza de mi madre para salir a jugar. Era feliz. Me hice de amigos y al fin de un barrio. Ya había con quien pelotear. Una cancha, camiseta y amigos. Nadie puede ser más feliz. Tras un balón, siempre hay esperanzas. Y qué mejor cuando niño.
Víctor Hugo y Roberto Permufo en su libro Hablemos de Fútbol en el capitulo cuatro dedicado a El juego definen al deporte rey como “una esperanza diferente de todas las esperanzas porque se vuelve real cada vez y cada domingo”. Y no le falta razón, pues, en el caso nuestro, la ilusión se renueva al sétimo día, desde hace 17 años. En aquel tiempo, corriendo de dos a seis. Y ya de viejos, solo de cinco a seis, cuando cae la tarde y la noche oscurece la pampa. Allí donde no se ve pero se es capaz de seguir para darle vibras al espíritu. Para ganar, para no perder, para empatar si se pierde, para saber que fuiste el mejor, aunque sea, por siete días más.
En la Huaca se han dado los mejores encuentros. Todavía es memorable los campeonatos de antaño en la que barrio enteros llegan a disputar un trofeo (a veces “trafeo”), pero siempre con el orgullo de saberse ganador. Uno se hace de amigos para la vida. Uno se hace de un balón para compartir. Uno se hace de triunfos para recordarlos. Y el barrio, se hace de historias para vivirlas en cada reunión. Cerveza en mano.
La huaca Palao es entonces ese conjunto de toques que forman amistades y rivalidades. Los odios que se forman en sus canchas mueren allí. Por eso, cada domingo se forman nuevos compromisos con la finalidad de unirnos, con la excusa de saber qué nos ocurrió esta vez. Qué el trabajo, qué la flaca, qué los libros y el licor. Carajo, qué es acaso la amistad, no es por cierto una excusa para sostener una familia centrada en una esquina. La Huaca, en nuestro caso, siempre fue el patio trasero.
Ya se acaba el tiempo y hay que recordar que el texto lo escribo casí por encargo y luego de una borrachera en la que prometí escribir del Pampon. Aquella ocasión, recordé una jugada eterna: esa que nos hace cracks por un segundo. Esa que nos hace los 10 que nunca fuimos en una profesional. Osvaldo Soriano, aquel escritor argentino muerto lo describe así: “Le amagué una gambeta y toqué la pelota de zurda, cortita y suave, con el empeine de botín, como para que pasara por ese paréntesis que se le abría abajo de las rodillas. El narigón se ilusionó con el driblin y se tiró de cabeza aparatoso, seguro de haber salvado el honor… pero la pelota le pasó entre los tobillos como una gota de agua que se escurre entre los dedos”.
Es entonces que uno celebra como niño, en la cancha que sea. Es entonces que uno comenta las jugadas después del partido, qué la cagaste, qué te la comiste, qué el golazo, qué el jugadón, solo, qué la sudaste. Pues: “Así son la novelas de fútbol: risas y llantos, penas y sobre saltos. Gonzales corrió con los brazos en alto a saludar la memoria de su padre. Llevaba lágrimas en los ojos y sus compañeros lloraban con él. De esa pasta están hechos los goleadores. Fantasmas que salen de ninguna parte”. (Soriano, dixit).
Y esos fantasmas no son los que asustan, sino los que salen del ricón de las almas perdidas (¡Gracias El Veco!). El fútbol, la huaca, los arcos que tenemos que sacar cada domingo. Cómo jode, pero cómo gusta.
Los domingos se acabaron para mi. Por ende, no pisaré la huaca en buen tiempo. Dicen que para vivir un sueño hay que sacrificar otros. Yo ando en esa etapa. Por ello la pena. Por eso las ganas de patear una pelota y querer macar en ese arco. La última vez prometí meter cuatro y fallé cinco. Cosas que pasan. Mientras, seguiré escribiendo sobre esa primera vez grandiosa en la que la Huaca Palao se convirtió en centro y vórtice de nuestra cultura. La de los ajos y cebollas, los de diamantes y pedernales. La que tuvo inicio, y a la que le llegó (solo por un tiempo y para mi) su fin. Los amigos comprenderán, ya tantas ausencias juntas olvidan a la nostalgia, aunque aveces quede uno: “Triste, solitario y final”.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Chino hizo click con trampa

Columna del divertido y entretenido diario Trome. Publicado en la segunda página del diario bajo la firma de la Seño María. Aquí, una entretenida opinión para quienes no son seguidores de la Seño. ¡Ah…! les recomiendo leer con fruición al Pico Tv, en la contra portada de dicho diario.

Dedicado a los tramposos. Ojo, tramposas.

El Chato Matta llegó al restaurante por su lomo a lo pobre con huevito frito encima. María, me llamó el 'Chino' del Callao para contarme su increíble historia. "Chato, el viernes estuve con Pancholón en una mesa del Marina Park y me confesé ante mi maestro. 'Dios es grande, papá. He encontrado a mi otra mitad y se llama 'Sally'. Por años la correteé y hace poco la encontré en la 'Ley'. La vi seriecita en una mesa y cuando me vio se puso a llorar de emoción. Nos reencontramos después de cinco años. Bailamos pegaditos 'y hoy te vas, te vas, te vas, te vas' y ¡click!, nos enamoramos al estilo 'Tula' y Carmona. Lo que no pasó en años, sucedió en un segundo. Hace dos semanas que nos vemos todos los días, salimos a pasear, nos vamos al cine, a comer pizza y ya hablamos del nombre que le pondremos a nuestro primer hijito". "'Chinito', estoy arrepentida del tiempo que he perdido al no estar contigo. Ya tengo edad para ser mamá y tú eres el hombre ideal. Profesional, trabajador y buena gente". Mi maestro me miró sorprendido, no podía creer lo que le estaba contando y me pidió que le permita hacer una llamada para meterla a la 'computadora' a la traviesa. Al instante su cara cambió. "Hijo, esa chica tiene kilómetros de recorrido y siempre estuvo enamorada del zambo Jackson. Él la llama a cualquier hora y sale corriendo, de mañana o madrugada. Él es el duro. No vas a competir con un negro chibolo de metro ochenta y pura fibra. Debes saber que a tu edad, ya no te puedes enamorar. Tampoco vas a encontrar a la mujer de tu vida en un salsódromo. No seas sano, eso del click es para los tarados porque el amor no nace con una mirada o una rumba. Parece que muchos hombres han olvidado el 'Decálogo del tramposo' que tanto sacrificio me costó y por ellos es que voy a lanzar nuevos apuntes que quedarán para la historia. Me da pena ver tanto gilazo que cree que la 'manzana podrida' va a cambiar.
PARA TU LIBRO:
1. Nunca embaraces a una trampa, porque te arruinará la vida y, menos, si recién la conoces. Usa preservativos y por siaca, ten la pastilla del día siguiente en el bolsillo y tú mismo dásela en la boquita como caramelo.
2. El varón tiene que ser podrido. Jamás aceptes los 'tangos' que 'no puedo tener hijos', así te enseñen certificados médicos. Tú mismo llévala al doctor y ponle la T de cobre. Lo recomendable es un par de salidas y bye, bye.
3. El tramposo no tiene corazón en la calle. Los sentimientos son para la casa. Eso que hicimos ¡click! son idioteces y para los sanos.
4. Evita problemas. En una dile a la jugadora que eres casado, amas a tu familia y ella no tiene ninguna posibilidad. Ella, igualito, va a aceptar salir porque es pecadora por naturaleza.
5. Recuerda que las chicas de la calle no se enamoran, además billetera mata galán.
Pucha, al final resultó que la enamorada del Chino tenía más batallas que Napoleón y sólo estaba buscando un punto. Pobre Chinito, todas lo engañan". Pucha, esos amigos de Pancholón son muy mujeriegos. Me voy, cuídense.

jueves, 1 de mayo de 2008

¡Meta cumplida!

Un mes en silencio valió la pena. Aquí las razones de mi desaparición, el agradecimiento a quienes confiaron en el éxito venidero y la explicación del post anterior: La espera que desespera.

El regreso de David Gavidia.

Bueno, escaparé un poco de la euforia que me invade el cuerpo y trataré de escribir rápido y feliz. Estuve de vacaciones desde el pasado 15 de abril y al llegar el nuevo mes no me queda más que volver al diario donde trabajo (La República). La novedad es que llego con una sorpresa, cumplí una de mis metas: ingresé a la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. De eso se trataba el “resultado” del que les hablaba el pasado martes en el post “La espera que desespera”.
Valió la pena y hoy estoy feliz. La sensación de sentirse orgulloso de uno mismo no siempre es frecuente en mí, diría que es la primera vez que siento esa satisfacción conmigo mismo. Es extraño cuando uno se dice ser una persona que se tiene mucha confianza y fe en uno mismo. ¡Va!, la espera que desespera.
Los últimos dos días (desde el martes que me enteré del resultado) no he sabido más que sonreír y profanar ese cristianismo mío que a veces es visto como posero o poco creíble para algunos fulanos que me ven con cara extraña al ver una señal de la cruz mía frente a una Iglesia, como las Nazarenas, por citar un ejemplo. Bueno, han corrido (pocos pero felices) litros de alcohol por mis venas y celebraciones que, pensé serían más alocadas como cuando mi bachiller o mi titulo en Periodismo en la Bausate, pero esta vez, nada, preferí el relax de sentirme bien conmigo mismo y entregarme el regalo que tanto ansiaba. Solo quise dormir.
Es la primera vez que logro algo dedicado a para mí: el Bachiller se lo regalé a mi mamá, el Titulo a mi papá y la Maestría en Literatura es a mi nombre. ¿Por qué?, porque siempre fue mi primera gran opción, pero las necesidades me llevaron por el gran camino del periodismo, ahora, después de casi 9 años, me encuentro con lo que siempre quise frente a mí. El lunes comienzo en la Decana de América, ya mi nombre esta inscrito en sus claustro universitarios.
La celebración fue desde una parrilla con mamá, acompañado de una jarra de sangría, hasta un pan con jamón del norte en el Queirolo de Lima, junto a mis dos primos y enamorada luego del (¡CARAJO!) gran triunfo de la “U” en el clásico. Hasta ahora me duele la garganta de gritar los goles, en especial el segundo del “Malingas”, y de mofarme en la cara de un hincha aliancista que, fue capas de gritarme un gol a mi oído en el estadio, luego de su efímero empate. Mejor corolario para las vacaciones, lo dudo. Doble triunfo, doble celebración.
Ahora ya no hay más preocupaciones, solo la de pagar la maestría y esperar que mis horarios del trabajo se terminen acomodando a la de mi segunda carrera. La pena es que no podré comprarme el Play Station deseado. Aunque veremos la economía y porque no… hacer una nueva locura con su adquisición. Total, creo me lo merezco. En este sentido, también los mantendré informados e invitaré a futuros y alocados torneos de FIFA 2008.
Mientras, me voy a dar un duchazo con agua caliente. Ya hay que prepararse para el trabajo. Que espero se multiplique en ingresos. Este post, de paso, es para agradecer los buenos deseos de aquellos pocos que sabían del examen de admisión que estaba por dar y que, en sus buenas intenciones hasta prendieron velitas por mi ingreso. Esa es amistad. Entregar buenas vibras, eternas razones de fe que demuestran que esta no solo es terrenal, sino que trasciende lo espiritual. A todos los que con sus deseos me dieron las fuerzas que necesitaba: solo les entrego un eterno ¡gracias!: ¡¡¡¡Les debo un pisco carajo!!!! A los que no andaban enterados, espero no se me resientan. En mi familia solo mi mamá y primo sabían del examen que vendría.
Bueno, la noche cae. Es hora de enviciarme con la tele y los Simpson. ¿Hoy es jueves?, veremos un nuevo capitulo de Nip/Tuck por Fox. Me caería bien. También, como no, la repetición del Clásico y su debida resaca futbolera. Gente, los dejo. Y juro que la temática del blog continuará, solo que, en una ocasión como esta, preferí escribir sobre mí y haciendo pública mi propia Correspondencia Ajena. Tenía ganas de expresarlo a través de las letras.
¡Ah!, les recuerdo también que la frecuencia con la que actualizaré el Blog volverá a ser la misma. (Todos los miércoles). Tuvo que ser interrumpida por un mes debido a que me encontraba estudiando para el examen. Los compromisos vuelven chicos, y suelo cumplirlos, más que mis propias promesas. Los dejo, y como siempre, espero sus comentarios: Graciela y allí los vidrios.

martes, 29 de abril de 2008

La espera que desespera

Incertidumbre. Acabo de salir de dar un examen y siento todo me ha salido bien. Lo primero que hago en estas tensas horas de espera es escribir. Como refugio, metido en una cabina de Internet en Miraflores. Hay que aguantar. Hay que hacer tiempo. Son varias horas en las que divagaremos, para que al fin, si la gracia esté llena de mí o conmigo, me toque y logre, al fin, uno de esos bien preciados sueños.
Que la espera desespera es cierto. Más cuando sabes que ya nada depende de ti. Que todo lo que estuvo a tu alcance lo hiciste, y solo queda ver como pasa el reloj, a veces lento, otras furioso como si el tiempo dependiera de nuestro estado de ánimo. Y ya van cuatro horas, y ya van doce horas. Ya hasta pasó un día. Y nada. Ya siento cómo el rostro se me enciende de rubor y no puedo controlarlo. Pienso en otras cosas, en el Clásico que se viene, en el Barcelona – Manchester que será en unas horas, pero nada. ¿Sudas?, cuidado. El corazón te puede traicionar, porque corre, se estruja, se vuelve chiquito y vuelve a crecer. Sientes que la sangre sale como un fuerte chorro a través de las venas, después de creer que se ha congelado en el “friser” que por estas horas ya es tu cuerpo.
Ahora tienes esa extraña sensación de tener hambre y no querer comer. Es momento de mostrar cara de tranquilidad ante el resto y decir, “bueno, las cartas ya están echadas. Que sea lo que Dios quiera”.

Suena el F… mejor canción para este momento lo dudo:

“…no era bombero y el dejó en esa calle en que te vi sus veinte años y sus sueños aquella noche de abril/ pero subió hasta el sol y no volvió a su casa, y arriba se quedó un corazón en llamas”.

Si pues, en llamas porque arde. ¿Rara sensación verdad?, ¿Cómo se apaga ese fuego?. Quizás más tarde con cerveza, ¡Ojala!.
El texto lo escribo rápido con esa sensación de creer que el tiempo pasa más rápido si agilizo los dedos. Si hago cien palabras por minuto. Si escribo con las vísceras enredadas.
Sigo oyendo al F, ese Daniel es de los bravos. Logra entregar paz, y disminuir la ansiedad. Por el momento no me queda más que contarles que ya compré mis entradas para el partido del miércoles, fui al Lolo Fernández y tuve que hacer gala de viejos trucos para conquistar a una revendedora abusiva, asesina de la ilusión (la frase es del F) y jugar con la ansiedad venidera de la gente. Ya no por un resultado, sino por un partido, que, por Dios, también esta hecha de ¡Resultado!. Ganar o perder. No se puede empatar. Ya no.
En la cabina miraflorina pongo la web musical Atevip.net y paso por Sabina y Serrat. Más paz. Sigo esperando, con un hambre creciente. Me atolondro, las palabras se me atropellan, creo ya no puedo escribir. Acabo de dar un importante examen y no sé qué ocurrirá. Los mantendré informados.